H. Górecki / "" Tranquillissimo "" II Lento E Largo

Helechos,Gabriela Mistral

Helechos

"Donde la humedad se guarda        
asistidora y mansueta
y el resuello del calor
no alcanza a la Madre Gea,
suben, suben silenciosos
como unas palabras lentas,
en silencio suben, suben
estos duendes manos quietas.
Y cuando tienen la alzada
de la garza o el flamenco,
ya descansan y se quedan
latiendo de su misterio.
! No pasar por ellos, digo,
dejarlo, que están durmiendo !
Porque sólo yo, fantasma,
ni los doblo ni los hiero.
Oigan los dormidos, dormir
sin moverles un cabello.
Ellos no viven ni mueren,                                                                             foto de Fran barrero,Valle de
sólo escuchan el silencio,                                                                              Iruelas
y con el silencio hacen
cosa que no conocemos:
sueño de niños o danzas
de unos enanos traviesos.
Queden así entre dormidos
Custodiando su secreto
y tal vez mi propio sueño.
Duerman los helechos altos
callados como un secreto,
sigan latiendo dormidos
así, callando y latiendo.
! Qué dulce su frente fría
y su aspiración del cielo !
En el aire van y van
y restan, restan, quedados,
y se parecen al monje
que entrega en su rezo el alma.
Duerman los helechos altos
que yo guardaré su sueño."
                                                         Gabriela Mistral de  Poema  de Chile

Franz Marc













                                                                           

                                                                 


 

Izar



                                       Franz Marc, dos gatos
La gata es negra remolona
más negrita de suave,
De azabache quietud su ligereza    
 invade su calor.

Mira fija los llanos,
las llamas crepitar
bajo su ronroneo.

Se va acoplando en su cuerpo
impredicible e inverna durante el dia
en sus sueños,
en el regazo de su descanso nocturno.

Azul la tarde. Haiku

Azul la tarde
cuando la paloma
alza su vuelo

Gabriela Mistral. Cómo escribo

                                                  C ómo escribo


"Las mujeres no escribimos solemnemente como Buffon, que se ponía para el trance su chaqueta de mangas con encajes y se sentaba con toda solemnidad a su mesa de caoba.

Yo escribo sobre mis rodillas y la mesa o escritorio nunca me sirvió de nada, ni en Chile, ni en París, ni en Lisboa.
Escribo de mañana o de noche, y la tarde no me ha dado nunca inspiración, sin que yo entienda la razón de su esterilidad o de su mala gana para mí...

Creo no haber hecho jamás un verso en cuarto cerrado ni en cuarto cuya ventana diese a un horrible muro de casa; siempre me afirmo en un pedazo de cielo, que Chile me dio azul y Europa me da borroneado. Mejor se ponen mis humores si afirmo mis ojos viejos en una masa de árboles.

Mientras fui criatura estable de mi raza y mi país, escribí lo que veía o tenía muy inmediato, sobre la carne caliente del asunto. Desde que soy criatura vagabunda, desterrada voluntaria, parece que no escribo sino en medio de un vaho de fantasmas. La tierra de América y la gente mía, viva o muerta, se me han vuelto un cortejo melancólico pero muy fiel, que más que envolverme, me forra y me oprime y rara vez me deja ver el paisaje y la gente extranjeros. Escribo sin prisa, generalmente, y otras veces con una rapidez vertical de rodado de piedras en la Cordillera. Me irrita, en todo caso, pararme, y tengo siempre al lado, cuatro o seis lápices con punta porque soy bastante perezosa, y tengo el hábito regalón de que me den todo hecho, excepto los versos...

En el tiempo en que yo me peleaba con la lengua, exigiéndole intensidad, me solía oír, mientras escribía, un crujido de dientes bastante colérico, el rechinar de la lija sobre el filo romo del idioma...

Ahora ya no me peleo con las palabras sino con otras cosas... He cobrado el disgusto y el desapego de mis poesías cuyo tono no es el mío por ser demasiado enfático. No me excuso sino aquellos poemas donde reconozco mi lengua hablada, eso que llamaba Don Miguel el vasco, la «lengua conversacional».

Corrijo bastante más de lo que la gente puede creer, leyendo unos versos que aún así se me quedan bárbaros. Salí de un laberinto de cerros y algo de ese nudo sin desatadura posible, queda en lo que hago, sea verso o sea prosa.

Escribir me suele alegrar; siempre me suaviza el ánimo y me regala un día ingenuo, tierno, infantil. Es la sensación de haber estado por unas horas en mi patria real, en mi costumbre, en mi suelto antojo, en mi libertad total.

Me gusta escribir en cuarto pulcro, aunque soy persona bastante desordenada. El orden parece regalarme espacio, y este apetito de espacio lo tiene mi vista y mi alma.

En algunas ocasiones he escrito siguiendo un ritmo recogido en un caño que iba por la calle lado a lado conmigo, o siguiendo los ruidos de la naturaleza, que todos ellos se me funden en una especie de canción de cuna.

Por otra parte, tengo aún la poesía anecdótica que tanto desprecian los poetas mozos.

La poesía me conforta los sentidos y eso que llaman el alma; pero la ajena mucho más que la mía. Ambas me hacen correr mejor la sangre; me defienden la infantilidad del carácter, me aniñan y me dan una especie de asepsia respecto del mundo.

La poesía es en mí, sencillamente, un rezago, un sedimento de la infancia sumergida. Aunque resulte amarga y dura, la poesía que hago me lava de los polvos del mundo y hasta de no sé qué vileza esencial parecida a lo que llamamos el pecado original, que llevo conmigo y que llevo con aflicción. Tal vez el pecado original no sea sino nuestra caída en la expresión racional y antirrítmica a la cual bajó el género humano y que más nos duele a las mujeres por el gozo que perdimos en la gracia de una lengua de intuición y de música que iba a ser la lengua del género humano.
Es todo cuanto sé decir de mí y no me pongáis vosotros a averiguar más..."

                                                          Texto leído por Gabriela Mistral,
                                                 e  una tarde de enero de 1938, en Montevideo.

El beso de Brancusi

Estudio en Valencia,de Gunnar Vaht, fotógrafo

Sus fotos en Silideshow

John Welwood: Un terreno, dos caminos".

                                        "A Magic Moment " Foto de Dejan Smaic  
Extraigo este capítulo (6) del libro de John Welwood   de "Amar y Despertar":

"La filosofía  y la religión de occidente a menudo interpretan la tensión existente entre nuestro ser más primordial y nuestra tendencia a apartarnos de él como el resultado de dos fuerzas cósmicas irreconciliables- bien frente al mal, piadoso frente a satánico, espíritu frente a carne, en guerra en nuestro interior


Sin embargo, esta perspectiva dual transforma la tensión polar que reside en el centro de nuestra naturaleza en una abrumadora oposición. Si hemos de trabajar de forma creativa con el filo estimulante que el amor nos ofrece, necesitamos una nueva manera de comprender y controlar nuestras contradicciones interiores.


   En lugar de considerar que amor y miedo, expansión y contracción, sí yno, son los síntomsas de unas fuerzas contendientes  en nuestro interior, también podemos verlos como fuerzas que surgen de la misma fuente: la generosidad fundamental de nuestra naturaleza. A veces reconocemos y confiamos en esta generosidad como una reserva del amor, la creatividad y la buena voluntad.
Cuando esto sucede, queremos esforzarnos y arriesgarnos. ("Me siento tan abierto, podría abrazar el mundo entero") En otras ocasiones no confiamos en ella. Por el contrario, cremos que es una amenaza para nuestra supervivencia, y la transformamos en un motivo  para tener miedo,  una razón para contraernos y defendernos. ("Me siento tan abierto que me podrían aplastar") Sin embargo, estos dos impulsos diferentes -expandirlos con el  amor y contraernos con el miedo, fundirnos o endurecernos- surgen como respuesta a una única verdad: nuestra naturaleza está esencialmente abierta de par en par, y no es una caja cerrada con los límites sellados.


 Así pues, en cada momento tenemos una elección: acercarnos a nuestra naturaleza o partarnos de ella, vivir de acuerdo con el deseo del alma de despertar o con la tendencia del ego a permanecer atrincherados tras nuestras defensas. En la tradición budista se describe esta situación como  "un terreno, dos caminos"

Matsuo Basho. Haiku


                                                                     Katsushika Hokusai
"A la intemperie,   
se va infiltrando el viento     
hasta mi alma
"


de Matsuo Bashō

Shen Yixiu (poetisa, 1588-1635)

" Con el sueño atravieso
nubes de verdes leguas.
A lo largo del camino
sauces llorones encubren
pabellones cercanos y distantes,
donde descansa el viajero.
Me sorprenden las amarillas oropéndolas,
que se quejan de la efímera primavera.
Sobre cadenas de montañas
navegan infinitas nubes blancas"

        De  "Poesía Clásica china"

edt. Cátedra, traducción Guojian Chen

Krishnamurti - Problemas de la vida - part-2

Krishnamurti - Problemas de la vida - part-1

Anne Carson. Summer interior

                                                                     E. Hopper, Summer interior
"El verano tiznó el día, te escurriste
hasta aterrizar en un país extraño.

Así el alma contemplativa, así aquellos "caballos del alma"
semidespiertos entre las algas verdes del origen

se hablaban en voz baja, cercana
y tiernamente.

                            Cuando veo la aurora digo que va a salir el sol.
                                          (San Agustín, Las Confesiones, XI, XVIII)

Anne Carson. Nigthawks

                                                                                                 Nighthawks - Edward Hopper






"Quería huir contigo esta noche
pero eres una mujer difícil
las normas que hay en tí...

Pasado y futuro giran a nuestro alrededor
ahora sabemos más ahora menos
en el instituto de las sombras.

En una calle negra como viudas
con nada que confesar
nuestras distancias nos hallaron
Las normas que hay en tí...
mujer tan difícil
quería huir contigo esta noche.


Lo único que digo con seguridad es que sé que si nada pasara, no habría tiempo pasado, y si nada viniera, no habría tiempo futuro, y si nada existiera, no habría tiempo presente.
                                                                                   (San Agustín, Las Confesiones, XI,XIV)"





Anne Carson. Room in Brooklyn



                                                   Cuadro "Room In Brooklyn " de Edward Hopper
"Este
lento
día
se mueve
Por el cuarto
oigo
sus ejes
volverse
Un deslumbre gradual
en
el
techo
Me da esa
atrevida
emoción
amarilloazulada
Mientras las horas
fluyen
por el ancho
camino
De mi  atardecer"



 " Por eso, no debemos decir: "El tiempo pasado fue mucho tiempo" porque nos encontraremos qué es lo que fue mucho tiempo, ya que desde el momento en que es tiempo pasado, ya no existe. En este caso debemos decir " Aquel tiempo fue mucho tiempo mientras fue presente" porque fue mucho tiempo precisamente cuando era presente"


                                        San Agustín: Las Confesiones XI, XV"



                                                                     

Chana Orloff

                                       Gran bañista arrodillada   


                                                    Maternidad




Mi hijo

Copla de seises

Haiku

       

        I
La luz de perfil
hace temblar al gingko
en el otoño.

        II

Árbol dorado
viento en las hojas
ronda la casa


                                                     Poema escrito por Goethe




"Las hojas de este árbol, que del Oriente

                                                a mi jardín venido, lo adorna ahora,

                                                  un arcano sentido tienen, que al sabio

                                                de reflexión le brindan materia obvia.

                                            ¿Será este árbol extraño algún ser vivo

                      que un día en dos mitades se dividiera? ¿O dos seres que tanto se comprendieron,

                                       que fundirse en un solo ser decidieran?

                            La clave de este enigma tan inquietante

                         Yo dentro de mí mismo creo haberla hallado:

                         ¿no adivinas tú mismo, por mis canciones,

                             que soy sencillo y doble como este árbol?"

Glenn Gould.

 

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