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Carmen Conde, EL PATRON "Meño"

AbajoArribaEl patrón «Meño»



 "   Vino un hombre del mar, labriego tuyo,


a traerme noticias de tu fondo.


Y de inmensa pradera fabulosa


de color y de vida, hizo el regalo.



¡Qué bandadas de peces se repliegan


en los bancos de arena caldeada,


cuando sopla el levante, cuando el cielo


se hace nube de grises pertinaces!



Refugiados allí sueñan y esperan


que en la luz se desaten los azules


para, alegres, ligeros, juguetones,


dispararse a la altura, meteóricos.



Se levantan en ágiles conciertos


y se saltan las barcas que los celan


es la fiesta de ti, como bengalas


son tus peces: los mújoles perfectos.
Foto de Pepa




Los labriegos esperan con sus redes,


el buen copo se fragua muy despacio...


Un cigarro en el mar, mientras se aguarda


y se piensa en las cosas, lentamente.



En otoño es el tuyo un mar de oro,


apretado de pesca; en el invierno


te prodigas tú menos, dice el «Meño».


El silencio absoluto es una ley.



Primavera se lleva tus tesoros,


y te quedas vacío de habitantes.


Marineros y peces se te alejan


y te entregas a ti, a tus esencias.



El verano es espléndido de dones.


El verano es la vid llena de ramos,


que en las bocas exhalan sus licores.


¡El verano es el jugo de los mares!



      -El Patrón es un hombre requemado


      por el sol y la sed, fuerte y tranquilo,


      que a los suyos conduce en grandes barcas:


      como flota de paz en el trabajo.



      Son cincuenta los años que rotura


      esta gruesa heredad de aguas copiosas.


      Se sonríe y me cuenta, cual un niño


      que conoce a su madre como un hombre.



¡Elogios de tu luz, mar de mi ocio;


la cifra destellante de tus minas;


relatos de tu ser, de tus criaturas,


el hombre de los barcos me revela!"

Carmen Conde. Derribado Arcangel

[...]
XVII

"Tus ojos son las fuentes donde beben los tigres,
que cuando tienen sed no respetan selvas;
y arrancan, mientras rugen, esas flores sencillas
que entre el romero mueven su poderoso olor.

A tus ojos se vuelcan las entrañas del monte,
y por nacer ellas, ¡ oh líquido delgado!,
consienten que las lengua vellosas de las fieras,
lamiéndolos con furia, sequen ríos de ojos.

Tanto como el romero florido, cuyo aceite
persistirá en la piel de los fieros sedientos,
huelen cortas raíces y esbeltos anticipos
de las flores oscuras del secreto deseo...

La luna se deshoja como un ave en tu agua.
A los tigres con celo esa luz los persigue
como loco fantasma de una caza suprema
que en el río, tus ojos, es posible alcanzar.

Tengo frío ante ti. Porque  fuentes tan frías
no se encienden sin ángel que su calor otorgue.
Y ese ángel que a ti, a tus charcas bajara,
no lo oigo cantar ni lo siento fluir.

¡Ah tigres con sed! Déjalos que nos beban,
y cuando ya mi boca reseca se deshaga,
suéltalos sobre mí, no detengas su ataque:
para tus fieras tengo una cierva en mi cuerpo!

No te conocerán. Sabrán tan sólo
que tientas con tu voz, con tu sonrisa,
y que caes, y que caes...: te derramas
del aire de tu olor. Que eres pecado.

Abrirán sus ventanas la noche,
creyendo que eres tú lo que es oscuro;
y una sombra en la selva, temblarán
de que seas, que no seas ¡Oh , si fueras!

Tu contacto, soñando que llegaras,
pensarán que es de fuego, que es de nieve...
Y tus labios, tu paso, tu gemido,
sentirán, al soñar, como despiertos.
¡Qué delicia de ti, que no conocen
ni siquiera los mismos que te inventan!
Solamente mi amor, que no te busca,
te tomó, rechazando tu presencia.


  Un furioso aletazo de huracanes
cayendo sobre mí.
Ardiente fuego espeso derramante
caía sobre mí.
Yo no lo busqué, venía
de entre la densa tierra impura.
Entonces lo miré , y era
un pedazo de cielo desgarrado.
¿Qué mujer podría resistirle
sin antes doblegarse con su peso?
¡Cayendo sobre mí,
hincándose en mi cuerpo yo veía
su punto vulnerable:
era yo siempre!

Cuando se escucha con los ojos cerrados
sin pensar en nada, entregándose,
llegan murmullos tenues al oido,
temblores diminutos del misterio...
Hablan para nosostros los ausentes
que no veremos nunca,
y un mar confuso comienza a iluminarse
por medio de palabras,
apenas pronunciadas suavemente
y que cuesta coger, si no se cierran
con energía los ojos.

La dulce marea crece, sobrenada
los limites del mundo que nos cerca.
Hay secretos que tienen ya su cifra
limpiamente clara;
nombres que se aferran a su imagen
y un ardiente temblor de lumbre mística.

Ya no suenan las aves,
ya no bullen los ríos;
altos insectos pican en las ramas
de una vegetación invisible"


                                                                                      Klimt


















Mujer Sin Eden

            VI
Ahora que mi mano solivianta
el nutrido juntarse de la noche
y una llama prendida en la distancia
se cimbrea, gozosa, despertando.

Quiere huirte, rasgas tu encrucijada
soslayando el volcán de tu amenaza.
Y mirar desde el pozo que era mio
este inmenso cercado de las nubes.

!Claridad derramándose en los ojos,
abierta claridad, sonoras luces!
¡Quién llamaba en el túnel de lo negro
si es la luz quien devuelve lo sonado?

Ya volví del empeño de buscarte;
jamás tuve otro norte que tu era.
!Ah mi lengua de fuego, mi Tobías,
comeré de la tierra Iluminada"

En Tierra de Nadie. Carmen Conde



En la tierra de nadie, sobre el polvo

que pisan los que van y los que vienen,

he plantado mi tienda sin amparo

y contemplo si van como si vuelven.


Unos dicen que soy de los que van,

aunque estoy descansando del camino.

Otros «saben» que vuelvo, aunque me calle;

y mi ruta más cierta yo no digo.


Intenté demostrar que a donde voy

es a mí, sólo a mí, para tenerme.

Y sonríen al oír, porque ellos todos

son la gente que va, pero que vuelve.


Escuchadme una vez: ya no me importan

los caminos de aquí, que tanto valen.

Porque anduve una vez, ya me he parado

para ahincarme en la tierra que es de nadie.
En la tierra de nadie (1960)

NORMA


"Olvidar, hay que saber olvidar.
Porque si los días ponen en nuestro cuerpo
una línea más una curva nueva,
y se llevan sus manos a otros cuerpos
donde dibujan otras formas
o cincelan mejor las que encuentran,
hay que olvidarse de los hechos
que van fraguando nuestra estatua.

Ir con el ánimo ágil, con la mente libre.
Todo lo que venga nuevo, olvidarlo.
Cada día un nuevo ser. Distinto,
para que el mundo del dolor añada
una llaga nueva, mientras la otra
se curó y está fuerte en su carne.
Para que la dicha florezca sin peso
sobre la fresca delicia de su llegada.

Olvidarse y ser otra. La misma siempre
en poder amar y sufrir,en esperar
y en decir adiós a la vida íntegra.
Pero no recordar a cada instante
que hubo algo mejor o peor, algo que ya no es,
y lanzárselo,cruel, a lo que quisiera
sernos bueno o malo...,¡ recién nacido
para nosotros"


Carmen Conde , de Iluminada Tierra

Carmen Conde

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(España, 1907-1996)
Poeta y novelista española nacida en Cartagena. A los 15 años comenzó a publicar artículos en la prensa. En 1929 publicó su primer libro de poemas Brocal, al que siguieron Júbilos y Empezando la vida. La Guerra Civil le inspiró obras de angustia y dolor, como Mientras los hombres mueren y El Arcángel (1939). Ganó el premio Elisenda de Moncada con Las oscuras raíces, el premio Simón Bolívar con Vivientes de los siglos, y el premio Doncel de teatro con A la estrella por la cometa. En 1967 obtiene el premio Nacional de Literatura por su libro Obra Poética, que recoge una gran parte de su producción. Entre sus obras más recientes están Del obligado dolor (1984), Por el camino viendo las estrellas (1985) y La calle de los balcones azules. © epdlp
 

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