Sevilla amanece
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"UN ABISMO DE CALMA ABRÍA SU NUEVA LUZ" Ernestina de Champourcin
"Quise buscar palabras, gritos
en estado de alerta, la materia
prima del sueño.
¿Adónde ir,
llamar? Quemar mi historia,
¿en qué papel?
Todo está lleno
de luz: nada está escrito.
"Quise contar los días
malgastados, restablecer
lo venidero en la espesura
febril de lo vivido. ¿Cómo
poder buscarme, merecerme,
a mi sueño un alfabeto
puro?
Nada se salva
de las sombras: todo está escrito.
Mi palabra no es mía, vive
nutriéndose, manchándose
de ajena vanidad. El tiempo
es quien lleva mi mano,
quien conduce las aguas
remotas que me asedian. Estandarte
de todo lo que escribo, van
los años guiándome, perdiéndome
por los puentes del sueño.
¿Qué
soy yo: furia callada
contra la fortaleza del vacío,
violado espejo en cuya niebla
bebe la boca de la fe? Libre,
jamás lo fui. Tiempo, costumbre,
horaria soledad, estáis aquí
escribiendo lo que yo no sabría."
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| Foto de Pepa |
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| Henri Matisse, Still Life a Magnolia |
| Conil, fotos de Pepa |
"Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos.
Colgada del imponente monte, apenas detenida
en tu vertical caída a las ondas azules,
pareces reinar bajo el cielo, sobre las aguas,
intermedia en los aires, como si una mano dichosa
foto de pepa
te hubiera retenido, un momento de gloria,
antes de hundirte para siempre en las olas amantes.
Pero tú duras, nunca desciendes, y el mar suspira
o brama, por ti, ciudad de mis días alegres,
ciudad madre y blanquísima donde viví, y recuerdo,
angélica ciudad que, más alta que el mar, presides sus espumas.
Calles apenas, leves, musicales. Jardines
donde flores tropicales elevan sus juveniles palmas gruesas.
Palmas de luz que sobre las cabezas, aladas,
merecen el brillo de la brisa y suspenden
por un instante labios celestiales que cruzan
con destino a las islas remotísimas, mágicas,
que allá en el azul índigo, libertadas, navegan.
Allí también viví, allí, ciudad graciosa, ciudad honda.
Allí donde los jóvenes resbalan sobre la piedra amable,
y donde las rutilantes paredes besan siempre
a quienes siempre cruzan, hervidores en brillos.
Allí fui conducido por una mano materna.
Acaso de una reja florida una guitarra triste
cantaba la súbita canción suspendida del tiempo;
quieta la noche, más quieto el amante,
bajo la lucha eterna que instantánea transcurre.
Un soplo de eternidad pudo destruirte,
ciudad prodigiosa, momento que en la mente de un dios emergiste.
Los hombres por un sueño vivieron, no vivieron,
eternamente fúlgidos como un soplo divino.
Jardines, flores. Mar alentado como un brazo que anhela
a la ciudad voladora entre monte y abismo,
blanca en los aires, con calidad de pájaro suspenso
que nunca arriba. ¡Oh ciudad no en la tierra!
Por aquella mano materna fui llevado ligero
por tus calles ingrávidas. Pie desnudo en el día.
Pie desnudo en la noche. Luna grande. Sol puro.
Allí el cielo eras tú, ciudad que en él morabas.
Ciudad que en él volabas con tus alas abiertas"
| Fotos de Pepa |
| Foto de Pepa |
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